Mas sus criados se le acercaron y le hablaron
diciendo: Padre
mío,
si el profeta te mandara alguna gran cosa ¿no la habrías hecho?
¿Cuánto
más, diciéndote: Lávate, y serás limpio? (2 Reyes 5:13).
La historia de Naamán se asemeja a nosotros en la
actualidad.
Este
importante general de Siria estaba enfermo de lepra y escuchó
hablar
del profeta Eliseo, en Israel. Hizo todos los amarres de lugar
y
se dirigió hacia esa tierra en busca de su sanidad. Al llegar, a través
de
su criado, le hizo saber al profeta de su presencia. ¡Tremenda
sorpresa
con la que se encuentra!
El profeta solo le ha mandado a que se lave siete
veces en el río
Jordán.
Aunque era algo simple, Naamán se enojó y se marchó.
Es
entonces cuando su criado le hace ver (Vs.13) que siendo
algo
tan sencillo y poco complicado, no perdía nada con ir y obedecer
al
profeta. Milagrosamente, el general fue sanado desde que salió del río.
Muchas veces lo que necesitamos está en nuestras
propias narices,
Pero
queremos que las cosas salgan como las planeamos y no
Como
Dios ya las diseñó.
Lo que esperas está más cerca de lo que te imaginas,
solo obedece
la
voz de Dios sin importar lo que él te pida hacer. Las cosas
Simples
Dios las puede engrandecer.
EJERCICIO.
Leer:
2da. Reyes, cap. 5
Contesta:
¿Por
qué se nos hace tan difícil confiar en la voz de Dios?
¿Por
qué crees tú que Naamán se enojó con el profeta?
¿Harías
cualquier cosa que Dios te pida sin importar qué tan insignificante
Crees
que sea?
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