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jueves, 16 de agosto de 2012

Reflexion con Emelin Sosa



Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo: Padre
mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa ¿no la habrías hecho?
¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio? (2 Reyes 5:13).

La historia de Naamán se asemeja a nosotros en la actualidad.
Este importante general de Siria estaba enfermo de lepra y escuchó
hablar del profeta Eliseo, en Israel. Hizo todos los amarres de lugar
y se dirigió hacia esa tierra en busca de su sanidad. Al llegar, a través
de su criado, le hizo saber al profeta de su presencia. ¡Tremenda
sorpresa con la que se encuentra!

El profeta solo le ha mandado a que se lave siete veces en el río
Jordán. Aunque era algo simple, Naamán se enojó y se marchó.
Es entonces cuando su criado le hace ver (Vs.13) que siendo
algo tan sencillo y poco complicado, no perdía nada con ir y obedecer
al profeta. Milagrosamente, el general fue sanado desde que salió del río.

Muchas veces lo que necesitamos está en nuestras propias narices,
Pero queremos que las cosas salgan como las planeamos y no
Como Dios ya las diseñó.

Lo que esperas está más cerca de lo que te imaginas, solo obedece
la voz de Dios sin importar lo que él te pida hacer. Las cosas
Simples Dios las puede engrandecer.

EJERCICIO.

Leer: 2da. Reyes, cap. 5

Contesta:

¿Por qué se nos hace tan difícil confiar en la voz de Dios?
¿Por qué crees tú que Naamán se enojó con el profeta?
¿Harías cualquier cosa que Dios te pida sin importar qué tan insignificante
Crees que sea?

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